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Salud

COVID-19 y Vapear, no hay pruebas que sustenten mayor riesgo

Es sumamente importante informar a la población sobre los efectos del uso del cigarro convencional y electrónico en las enfermedades asociadas a la pandemia del COVID-19 con base en la evidencia científica y los datos duros disponibles.

La asociación Pro-Vapeo México está de acuerdo con las autoridades en alertar a la población sobre la correlación entre fumar cigarro convencional y el desarrollo de un cuadro grave en estas enfermedades, ya que esta evaluación se basa en datos concretos en pacientes infectados por el virus SARS-CoV-2. Sin embargo, enfatizan que no existen datos concretos (ni a favor ni en contra) sobre el efecto de antecedentes de vapeo en el desarrollo de las enfermedades en pacientes de COVID-19. Las afirmaciones que señalan al vapeo como factor de riesgo comparable con fumar son meras especulaciones sin sustento en datos.

Aunque hay estudios de laboratorio que sugieren que el cigarro electrónico pudiera deprimir la respuesta inmunológica de los usuarios, estos estudios no prueban causalidad, se basan en muestras pequeñas de vapeadores y no toman en cuenta correctamente sus historias previas de tabaquismo. Como contraste, hay estudios observacionales clínicos de hasta 3 años de duración que muestran una disminución de infecciones respiratorias en dichos usuarios. Consideramos que la observación clínica recabada en estos estudios es más relevante para evaluar la capacidad de respuesta inmunológica de los usuarios de cigarro electrónico que los estudios idealizados en laboratorios.

La información y evidencia disponibles a la fecha señala que:

• Los fumadores crónicos de edad avanzada tienen alta probabilidad de mostrar las condiciones de vulnerabilidad a las enfermedades del COVID-19 (debilidad cardiovascular, problemas respiratorios y diabetes). Por lo tanto, son más susceptibles a desarrollar estas enfermedades.
• El COVID-19 afecta también a quienes nunca fumaron. Estudios en China muestran que hay menor proporción de fumadores entre los enfermos de COVID-19 (incluso los graves) que en la población china en general.
• No hay evidencia (concreta observacional, no especulativa) sobre el rol de antecedentes del vapeo (uso de cigarro electrónico) en pacientes de COVID-19.
• Es necesario tomar en cuenta que el vapeo es un hábito reciente y casi en su totalidad de los vapeadores llevan poco tiempo vapeando. Además, la casi totalidad son ex-fumadores y fumadores. Este tabaquismo previo, y no el vapeo reciente, es un factor de más peso para evaluar su riesgo de COVID-19.
• Quienes vapean habiendo dejado de fumar muestran mejora en sus condiciones respiratoria y cardiovascular. Por lo tanto, es factible que presenten menos riesgo de padecer COVID-19 que los fumadores.
• El propilenglicol (componente del aerosol del cigarro electrónico) ha sido utilizado como desinfectante del ambiente en hospitales y barracas. Sin embargo, no hay evidencia de que el vapear este compuesto pudiera ofrecer al usuario protección contra el virus SARS-CoV-2.
• El virus SARS-CoV-2 se transmite a través de gotitas de saliva emitidas por personas infectadas al respirar (a corta distancia, 30-60 cm) y por tos y estornudos a mayor distancia (típicamente 2 metros, pero la transmisión es posible hasta 5-6 metros).
• El virus SARS-CoV-2 también se transmite por contacto con superficies en las que el virus se deposita por precipitación de estas gotitas.
• En ambientes controlados las gotitas que portan al virus SARS-CoV-2 podrían permanecer hasta 2-3 horas en el aire y hasta días en superficies donde yace (sobre todo cartón y plásticos). En ambientes realistas aún no se sabe que tan resistente es el virus al medio ambiente.
• No hay evidencia de que el vapor ambiental haya contagiado el virus SARS-CoV-2 a terceras personas. Un vapeador infectado podría esparcir más virus al respirar (lo que hace continuamente) que por el vapor ambiental (solo se libera al ambiente al usar un cigarro electrónico, 100-200 veces al día).
• Se elimina el posible riesgo de contagio por vapor ambiental simplemente manteniendo hacia quien vapea la misma “sana distancia” de 1 a 1.5 metros que se debe mantener hacia cualquier otra persona.
• Hay mucho mayor riesgo de contagio por tos y estornudos o tocando superficies donde yace el virus que por el vapor ambiental.

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Al Tiempo, Periodismo Sindical