Once años después, la historia encontró su ajuste de cuentas. Seattle Seahawks firmaron una noche redonda en el Super Bowl LX, se impusieron con autoridad y cobraron revancha para levantar el segundo trofeo Vince Lombardi de su historia.
Los Seattle Seahawks se vengaron este domingo de los New England Patriots y les doblegaron con un sólido 13-29 en el Super Bowl LX del Levi’s Stadium de Santa Clara para conquistar su segundo trofeo Vince Lombardi, en una tarde en la que el ritmo lo puso Bad Bunny en un histórico espectáculo del descanso.
El plan fue claro desde el arranque: defensa asfixiante y ejecución quirúrgica. Seattle construyó su victoria desde una presión constante que nunca dejó respirar a la ofensiva rival, mientras Sam Darnold administró el partido con temple y precisión, castigando cada error y sosteniendo la ventaja en los momentos clave.
Del otro lado, los New England Patriots resistieron por lapsos gracias a su defensiva, pero su ataque nunca encontró estabilidad. La línea ofensiva fue superada una y otra vez, dejando expuesto al joven Drake Maye, quien pasó gran parte del duelo bajo asedio.
Seattle no necesitó fuegos artificiales: le bastó imponer condiciones, dominar el ritmo y ejecutar con disciplina. Así, los Halcones Marinos cerraron el círculo de una vieja herida y, once años después, celebraron una revancha que ya es parte de su legado.


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